Decoración mural

Como ya hemos mencionado en el capítulo anterior, encontramos en la capilla del castillo de Brihuega restos de un zócalo de decoración mudéjar, hoy restaurado en buena parte.

Dicho zócalo está formado por una serie de compartimentos, separados por las columnas del ábside, en los que aparecen distintos dibujos geométricos, creados a base de líneas rectas y curvas que forman polígonos estrellados, encontrándose también algún resto de motivo vegetal y animal, como es el dibujo de un pez.

La capilla del castillo

De todo el conjunto del castillo de Brihuega, es sin duda el recinto conocido tradicionalmente como la capilla del castillo, el que mejor conservado ha llegado a nuestros días. Está situada en el extremo este del castillo dentro de lo que es el gran torreón allí situado.

Podemos diferenciar dos secciones: una nave de planta cuadrangular, con unas medidas aproximadas de 6,60 de largo por 7,25 de ancho, que se prolonga con un ábside poligonal de cinco lados, de los cuales los dos primeros no son sino una continuación de los muros laterales de la nave.

Fases de construcción

La evolución arquitectónica del castillo de Brihuega estuvo condicionada principalmente por la adaptación de una construcción militar a una función residencial a lo largo de distintas fases.

Si aceptamos la tesis de la existencia de un primitivo recinto islámico, no hay duda de que estaba emplazado en un lugar de indiscutible valor estratégico: una peña sobre el valle del Tajuña, limitada al este por el barranco de un arroyo que baja al Tajuña desde el norte, atravesando la villa. Esta situación ofrecía al mismo tiempo un lugar propicio para el asentamiento de una pequeña población, cobijada en la bajada hacia el valle, bajo la protección del castillo.

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